Cuando
salimos con alguien y empezamos a conocerlo y este alguien empieza a gustarte
cada vez más, solemos empezar a idearnos las cosas que haremos junto a ese
alguien, los viajes, las nuevas personas que conoceremos juntos, las posibles peleas,
los detalles que tendremos entre nosotros, las reconciliaciones, la evolución
de la relación y a veces hasta como terminara (dramáticamente, por supuesto).
Toda
esta idealización provoca en nosotras varios sentimientos encontrados, pero más
aún nos crea expectativas, y estas expectativas son cada vez mayores al pasar
el tiempo y cuando más te proyectas, más te desilusionas.
Siempre
he creído que tener altas expectativas es bueno, no conformarse con poco o con
lo que en realidad no estás buscando es muy saludable, siempre y cuando estas
expectativas tengan una base real. Proyectarse tampoco es malo, pero debemos
mantenernos con los pies en la tierra, el cerebro despierto y el corazón
tranquilo.
Entonces
cuando empiezas a salir con alguien no debes apurarte a planear la boda, la
luna de miel y el nombre de los hijos (yo se que alguna vez todas lo hemos
hecho); porque pensar en cosas que aún han pasado (y quizás no muy pronto lo
harán), no te permiten darte cuenta de lo que está pasando justo en este momento,
y lo que está pasando en este momento es lo único real.
Una
relación tiene etapas y no es bueno quemar etapas; cuando estás en una relación
debes intentar disfrutar cada momento porque, como dice esa canción de salsa, “todo tiene su final, nada dura para siempre”
(con las excepciones del caso, claro está).
Así
que, relájense y disfruten todo, hasta lo más insignificante, para que cuando
llegues al final puedas decir “fue lindo
mientras duro” sin arrepentirte de no haberlo disfrutado lo suficiente.
De
un tiempo aquí he empezado a pensar en el momento en el cual se pasa de una
relación abierta a una cerrada, del “Estamos
saliendo” al “Somos enamorados/novios”,
cuál es la señal de que dejamos lo divertido de la informalidad y la
remplazamos por el etiquetamiento de algo formal.
He
estado saliendo con un chico aproximadamente un mes y todo ha ido muy bien, nos
divertimos y la pasamos bien juntos, no hemos hablado respecto al tema pero no
nos interesa hacerlo por el momento, porque todo va bien como esta y no
queremos arruinarlo, por lo menos yo.
Hace
poco fue su cumpleaños, entonces conocí a todos sus amigos y aquí empezó mi
duda, porque todos sus amigos y más aun sus amigas, o las enamoradas sus los
amigos, hacían esa pregunta que nosotros aun no nos habíamos hecho ¿Están? Y bueno, por pasar de la
pregunta y por consideración a su cumpleaños deje que él respondiera, y muy
inteligentemente no respondió directamente sino
con una que otra disyuntiva que permite traslucir que sí, existe una
relación entre nosotros pero no dijo exactamente de enamorados; y sonreí porque
sentí que estábamos en la misma página; pero como el chisme se mete en las
venas y no nos deja en paz, a esta respuesta le siguió una serie de preguntas
más, todo un interrogatorio en conjunto y posteriormente personal; pero la
pregunta que nos detuvo a pensar, y es que la enamorada de una no sus mejores
amigos necesitaba saber (no entiendo por qué razón exactamente), fue ¿cuánto tiempo ya estábamos? Y la pelota
empezó a rodar, primero a su otro amigo, después a su primo, después a su otro
otro amigo y finalmente llego hasta él, y él volteo hacia a mí y me hizo la
pregunta a lo que yo conteste con toda la honestidad que me caracteriza fue que
no tenía idea y lo dejamos ahí.
Y
la fiesta continuó sin que nadie más molestase sobre el tema, pero el alcohol
tan amigo y tan enemigo, dependiendo la ocasión, hizo su parte y nos embriago a
todos. Hasta ahí todo genial, era una fiesta y lo importante es pasarla bien,
pero cuando el alcohol empieza a hablar no hay quien lo pueda callar, y así
pasó, primero él, que empezó a llamarme de forma más cariñosa de lo
acostumbrado, y se escucharon muchos “amor”
“amorcito” y sus compuestos y demás;
yo por mi parte por no desairarlo delante de sus amigos le correspondía con los
mismos pet names, pero el alcohol
estaba ahora en los labios de su primo y éste con la sutileza que siempre le ha
caracterizado (sarcasmo puro) abrió la boca para que todos se dieran cuenta de
lo que acababa de pasar, según él, acabábamos de mandar al carajo nuestra
relación abierta y ya la habíamos cagado toda (utilizo su mismo lenguaje para
que noten lo sutil que es) y se dio el murmullo generalizado; el chico con el
que salgo intentaba de alguna forma explicar que no necesariamente está todo
perdido y se esforzaba tanto que decidí pasarlo por alto y cambiar totalmente
el rumbo de la conversación que tampoco se vio bañado en sutileza pero era lo
único a mi alcance.
Entonces
aquí nace mi duda, en qué momento es en el que cambia esta situación de
informal a formal, cual es la palabra mágica o el hecho exacto por el cual
podemos decir que sí, ahora esta relación es formal y ya no hay vuelta atrás;
son acaso los pet names, la agarrada
de mano, la presentación de los padres o la primera flor regalada.
Existen
mil cosas que podemos hacer y decir que pueden ser interpretadas de otras mil
maneras diferentes; por mi parte prefiero no armar historias en mi cabeza, no
pensar demasiado las cosas, no sacar conclusiones apresuradas y mantener todo
lo más sencillo posible.
Ahora
si queremos saber que está pasando en nuestra relación (del tipo que sea) la
mejor herramienta que nunca falla es la COMUNICACIÓN, si tienes alguna duda,
pregunta; quieres expresar tus sentimientos, habla; sientes que no está
funcionando, arréglalo; te sientes preparada, comprométete; y cuando quieras
ser feliz solo selo.
Tengo un gran amigo a quien le
dicen Condorito (como el de las historietas) que después de haber sido testigos
de una ridícula escena de pareja me dijo: Es
que nosotros estamos curados de amor.
Tenía mucha razón, nosotros
detestábamos esa clase de escenas, no nos gusta el sentimentalismo extremo y
tampoco creemos que se pierda todo si terminas una relación con alguien. Nosotros
ya habíamos pasado por todo eso y aprendimos que no vale la pena pasar por todo
eso de nuevo, por lo menos no de la forma tediosa.
Y es que cuando miras todo de
lejos, desde otro ángulo, uno más visible y lógico, o te mueres de la vergüenza
o te mueres de la risa, pues te ves en situaciones en las que prometiste nunca
ser la protagonista; pero sí, todas hemos caído en esas telenoveleras
circunstancias (no te preocupes, nadie te juzga, yo misma no me siento
orgullosa de ello) pero lo importante de todo esto es APRENDER.
Cuando mi amigo Condorito decía
que estábamos “curados de amor” no
significa que ya no nos enamoremos o ya no creamos en el amor, sino que
nosotros ya no nos dejábamos cegar ni impresionar por él.
Estar enamorado es genial y así
debería ser siempre, en el momento en el que los “Le extraño tanto” pasan a ser “Ya
no le soporto” deberíamos darnos cuenta que algo anda mal. También existen
las que lo niegan y eso ya es cosa seria, pero no soy quién para decirles que
hacer.
Solo les pido que no dejen que el
amor las cegué, recuerden siempre que estar enamorado debe ser algo bonito y
placentero, que una relación es lo que tú quieres que sea, que nadie te obliga
a estar en situaciones que no te hagan sentir cómoda o feliz y cuando aprendan
de todo esto quizás también lleguen a estar Curadas
De Amor.
No sé si sea pura pendejada del
destino o qué, pero siempre terminamos enamorándonos de las personas menos
indicadas, de las personas que tienen todo un lio en el corazón, de aquellas
que no pueden estar con nosotras, de aquellas que nos quieren, pero no de la misma forma.
La verdad no sé cómo explicar
este fenómeno, estoy segura que todas hemos estado ahí y que tampoco podemos
explicarlo hasta ahora, pero pasa (espero que no sea muy a menudo) y debemos
saber lidiar con ello, pero ¿Cómo?
Yo (por poner un ejemplo) vivo
eternamente enamorada de este chico a quien le llaman Chata; le conocí cuando
tenía tan solo 11 años y por tanto ya llevo media vida en este idilio. Aun no
entiendo muy bien que vi en él, no es un
Adonis ni menos un modelo de bóxers Calvin Klein; es un chico real (para nada
el príncipe azul que todas esperan) algo flacucho, delgado, sin músculos
pronunciados, de cabellos negros y algo crespos, tez trigueña, ojos marrones,
sonrisa sincera, podría continuar pero creo que ya se entendió mi punto.
Chata es el mejor amigo de mi
primo y me lleva por 6 años; 6 años también es la edad del hijo que tiene con
su novia de secundaria (aquí se empieza a complicar todo) con la cual no tiene
una relación sentimental actualmente (ya hace bastantes años en realidad) y
tampoco se llevan tan bien, ella tiene a su hijo viviendo en la capital y él
hace lo posible por enviarle dinero suficiente para que no le falte nada, en
fin, él ya es padre de familia.
Aquella vez en que le conocí era
una niña y por tanto no paso absolutamente nada entre nosotros, pero el
travieso destino se encargo de reencontrarnos una noche de discoteca hace ya
más de 4 años; aquella hermosa noche en que el estúpido amor andaba nublando el
aire alrededor de nosotros (y de algunas parejas más) y entre risas y salsa la
noche paso rápido. Ya era momento de volver a casa y él fue quien me llevo
hasta la puerta de ella, y ahí, justo en la puerta de mi casa, fue donde todo
cambió, él acerco sus labios, los míos sonrieron, y se juntaron nuestras almas
para siempre. Lo siento, no pude evitar la cursilería (jajaja).
Nunca tuvimos una “relación”, nunca hablamos al respecto,
nunca nos hicimos ningún tipo de pregunta, nunca nos reclamamos completamente
nada, todo era simple y sin drama, nos sentíamos muy cómodos uno con el otro,
como si nos conociéramos de toda la vida o de alguna vida anterior, éramos
completamente sinceros porque no teníamos nada que perder, cada uno tenía
completa independencia y ninguno se sentía obligado de ninguna manera, el
cariño estaba sobre entendido, sin cursilerías ni sentimentalismos, era algo
raro y en su estado puro.
Quizás ésta situación, la anteriormente
explicada, fue la que no nos permitió construir algo sólido, lo nuestro era (y
es) algo tan denso, estábamos juntos
pero no lo estábamos, si andábamos muy ocupados, llevábamos lo nuestro a
segundo plano y seguíamos con nuestras vidas; porque, por más extraño que
parezca, el destino siempre nos volvía a encontrar, y sin mayor explicación ni
intercambio de palabra retomábamos lo nuestro, como si nada nunca hubiera
pasado.
A pesar de todo esto hemos
logrado mantenernos cerca (figurativamente) durante todo este tiempo, aunque él
este lejos o yo este demasiado ocupada, a pesar de algunos giros de la vida y
cambios de planes de último minuto, nunca nos hemos dejado de lado, no nos hemos
olvidado uno del otro ni de lo que hay entre nosotros, no nos hemos dejado ir
hasta ahora.
Él está trabajando en otra
ciudad, donde vive su madre; yo estoy atrapada en esta ciudad hasta que termine
la universidad, que será bastante pronto; aun así estamos en contacto
constante, los celulares y el internet nunca fueron mejor utilizados en
nuestras vidas.
Hace un tiempo hablamos por
primera vez sobre lo nuestro, nos confesamos algunas cosas que ya
sospechábamos, como que siempre nos quisimos de verdad, que es cierto que
nuestra historia empezó cuando yo tenía 11 y él me saco a bailar esa salsa que hasta
ahora sigue siendo mi favorita, que nos extrañamos mucho y que deseábamos tanto
estar uno al lado del otro; y todo se sintió tan real, y porque no, quizás lo
sea; no es necesario etiquetar algo de manera convencional para que sea real.
En fin, no debería estar
enamorada de éste chico, pero hablando con mi mejor amigo Mansito llegue a la
conclusión de existe una muy alta probabilidad de que Chata sea el amor de mi
vida, aunque suelo negarlo y decir que no puedo enamorarme de él, no, no;
aunque sé que ya es muy tarde para pensar en eso.
Aunque lo neguemos tenemos que
reconocer que nos gusta que nos llamen borrachitos, no cualquier borrachito
claro está, pero sí, nos gusta esas llamadas en las que entre balbuceos y
repeticiones los borrachitos intentan explicarnos lo que sienten por nosotras;
si están lejos, cuanto les gustaría estar cerca; si ya es pasado, cuanto
lamentan no haber podido hacer más; si están con nosotras, reafirmando su
cariño hacia nosotras.
¿Será cierto acaso que los
borrachos no mienten? Muchas lo creemos cierto, y es que cuando los chicos se
pasan de copas el sentimentalismo les sale a flor de piel y nos dicen todo
aquello que la sobriedad no se lo permite, y todo lo que dicen suena tan
sincero, son como niños tratando de explicarte que es el sol.
El único problema que le puedo
encontrar es que suele ser a altas horas de la madrugada, pero creo que vale la
pena porque, personalmente, me pone de muy buen ánimo saber que en algún lado
un borrachito siente algo bonito por mí.
Ahora, cuando nosotras somos las
protagonistas es otra la historia, porque ellos no piensan como nosotras;
mientras nosotras los vemos tiernos, ellos nos ven arrastradas, mientras ellos
se ven cariñosos, nosotras nos vemos necesitadas, y créanme, nunca queremos vernos así frente a
ellos.
Y es que cuando nosotras nos
pasamos de copas, no razonamos muy bien que digamos. A nosotras nos sale mejor
sobrias, el alcohol no nos sirve para expresar nuestros sentimientos, nuestros
sentimientos afloran mejor sin copas encima; a ellos el alcohol les ayuda para
decirnos lo que sienten, pero para nosotras puede ser algo perjudicial.
Los teléfonos deberían tener un
modo “borrachera”, como lo tienen
para “avión” o “reunión”, para así evitar llamar en esas situaciones y pasar
vergüenza; pero no lo tienen, así que debemos controlarnos y bueno decirle a
los chicos que no nos llamen cuando este borrachitos, aunque sé que a muchas
nos gusta. ;)
Así que ya saben, si toman, no
llamen; tampoco manejen, que la vida es muy preciada para arriesgarla tan
tontamente.
Hubo una época, algo corta en
realidad, en que me gustaba mucho un amigo mío; él era muy lindo, simpático y muy coqueto, me tenía
muy distraída y empezaba a afectar mi vida, entonces decidí tomar cartas en el
asunto, aproveche mi poca vergüenza y empecé a coquetearle descaradamente, él
por su naturaleza me respondía, entonces entendí que podíamos estar en este
juego muchísimo tiempo.
Era hora de dar un paso más, así
que le dije para salir un día solo los dos y a él le pareció una buena idea;
entonces teníamos una “cita” y yo me
sentía muy ansiosa por ella.
Nuestra “cita” fue genial, nos encontramos por el centro, los dos muy lindos
y arreglados, andamos abrazados por las calles buscando un lugar donde tomar
unas cervezas, nos sentamos en una mesa para dos, no paramos de hablar y reír y
tomar una tras otra tras otra cerveza, y llego el momento en que nos miramos a
los ojos, nos sonreímos y acercando los labios nos dimos ese gran beso
esperado; desde ahí la noche paso muy rápido entre música, bailes, besos,
risas, más bailes, besos y más besos.
Como éramos amigos y compañeros
en la universidad, el primer día de la siguiente semana volveríamos a vernos,
entonces decidí como manejar esta situación; como solo salimos una vez creí que
era mejor no complicar nada y cuando llego el día de volvernos a ver éramos
nuevamente amigos, los de siempre; lo que paso entre nosotros se quedo entre
nosotros.
Todo parecía haber vuelto a la
normalidad a excepción de algo que en mi iba cambiando. Yo siempre he sido muy
distraída, aún más cuando se trata de descifrar mis propios sentimientos y
emociones, por lo que no me di cuenta de esto antes, cuando aún era algo manejable,
y me di cuenta algo tarde.
Lo que pasó es que este amigo mío
empezó a gustarme de más, demasiado diría yo, no podía dejar de pensar en él, cada
vez que estaba a su lado me sentía de forma diferente, me sentía bien, muy
bien. Debía hacer algo y rápido, no podía seguir así, como lo dije en un
inicio, empezaba a afectar mi vida cotidiana, entonces solo encontré dos
salidas, una mejor que la otra, o le decía lo que sentía o lo callaba para
siempre y olvidaba todo.
Adivinen que elegí.
Y si, decidí decírselo; todos los
días era El Día de decírselo pero siempre pasaba algo que no me dejaba hacerlo,
entonces lo analice bien y pensé que quizás ya no era tan importante y estaba a
punto de dejarlo así, pero la ansiedad crecía; al final el destino y el anhelo
encontraron la forma de darnos un momento a solas, aproveche y se lo dije; no
fue gran cosa, solo le dije que me gustaba mucho y me sentí sin un gran peso
encima, más liviana, más ligera, mejor.
En realidad mi objetivo no era
llegar a tener una relación con él, solo quería decirle lo que sentía, sacarme
el calvo; lo que vino después es otra historia; siempre fuimos buenos amigos y después de esto
seguimos siéndolo, podría decir que hasta más cercanos que antes.
En fin, lo que quiero transmitir
con esto es que nunca está de más decirle a esa persona que te gusta, por el
simple hecho de hacérselo saber, lo que pase después ya será otra historia ;)
Mi mejor amigo sobre la tierra es
Mansito, es mi confidente y maestro en algunos caminos que desconozco a estas
alturas de la vida. Siempre hablamos de nuestras cosas y, como es de
presumirse, de nuestras relaciones “amorosas”.
Los dos estamos solteros (pero
nunca solos), o sea, no tenemos una relación de enamorados con terceras
personas; pero si salimos con varias personas y nada se complica porque nada
tiene una relevancia sentimental, solo se trata de pasar un buen rato.
Hace poco tiempo hablaba con él sobre
esta situación de salir con varias personas y le explicaba que ya me estaba
empezando a preocupar esta situación; no es que me estuviera yendo mal, sino
que sentía que quizás era tiempo de sentar cabeza y tener una relación de
verdad; pero el me dijo algo que me hizo sonreír y volver a mi estado de relax
de siempre, el me dijo: “somos jóvenes
aun, tus buenas costumbres guárdatelas para cuando te cases, mientras
disfrutemos de la vida”.
Y tiene mucha razón ¡somos
jóvenes aun! En realidad yo no le hacía daño a nadie, los chicos con los que
salía sabían que solo salíamos y no
tenían la esperanza de tener una relación de forma posterior; por otra parte,
tanto yo como los chicos con los que salía, éramos libres de hacer con nuestras
vidas lo que deseáramos (ellos también salían con otras chicas), era un pacto
perfecto, nadie salía dañado y nadie se sentía presionado de ninguna forma.
Tampoco era un gran escándalo lo
que hacíamos, siempre supimos que mantener el perfil bajo en una ciudad tan
pequeña como la nuestra era la perfecta estrategia para una vida sin dramas
ocasionados por malhablados, chismosos y envidiosos.
En fin, lo que hacíamos no le
hacía daño a nadie, nos mantenía entretenidos de forma sana y no causaba
efectos mayores. Entonces ¿porqué dejar de hacerlo?
Fue una gran conversación con
Mansito (casi todas nuestras conversaciones son grandes) y una vez más me
confirmó porque es mi mejor amigo sobre la faz de la tierra; él me entiende, y
me entiende porque es como yo, y me conoce en todas mis magnitudes, con
errores, defectos y torpezas, y por sobre todo me quiere tal y como soy, y yo
lo quiero a él.
Por mi parte aun no me siento lista
para tener una relación de verdad, puede que sea porque aun no encuentro a la
persona adecuada, pero seguro que ya llega, esto no me quita el sueño. J